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Segunda mano

martes, 17 de agosto de 2010

Las Cruzadas


LA PRIMERA CRUZADA

* Al Papa Gregorio VII se debe la idea de que los países cristianos se unieran para luchar contra el común enemigo religioso que era el Islam.

* El Papa Urbano II (1088-1099) fue quien la puso en práctica. En 1095, la invitación a la lucha contra los turcos arribaría en embajadas francesas e inglesas a las cortes de las naciones europeas medievales más importantes: Francia, Inglaterra, Alemania y Hungría (Hungría no se unirá a las primeras cruzadas por guardar el luto de 3 años del recientemente fallecido rey San Ladislao I de Hungría (1046-1095), quien antes de morir habría aceptado participar en la campaña de Urbano II). El llamamiento formal de Urbano II se sucedió en el penúltimo día del Concilio de Clermont (Francia), jueves 27 de noviembre de 1095, proclamó, al grito de '"Dieu lo volti"'(¡Dios lo quiere!), la denominada primera cruzada (1096-1099).

El paso de los cruzados por el Reino de Hungría

La predicación de Urbano II puso en marcha en primer lugar a multitud de gente humilde, dirigida por el predicador Pedro de Amiens el Ermitaño y algunos caballeros franceses. Este grupo formó la llamada Cruzada popular, de los pobres o Cruzada de Pedro el Ermitaño. De forma desorganizada se dirigieron hacia Oriente, provocando matanzas de judíos a su paso. En marzo de 1096 los ejércitos del rey Colomán de Hungría (sobrino del recientemente fallecido rey San Ladislao I de Hungría) repelirían a los caballeros franceses de Valter Gauthier quienes entraron en territorio húngaro causando numerosos robos y matanzas en las cercanías de la ciudad de Zimony. Posteriormente entraría el ejército de Pedro de Amiens, el cual sería escoltado por las fuerzas húngaras de Colomán. Sin embargo, luego de que los cruzados de Amiens atacásen a los soldados escoltas y matásen a cerca de 4000 húngaros, los ejércitos del rey Colomán fijarían una posición hostil contra los cruzados que atravesaban el reino vía Bizancio.

A pesar del caos surgido, Colomán permitió la entrada a los ejércitos cruzados de Volkmar y Gottschalk, a quienes eventualmente también tuvo que enfrentar y derrotar cerca de Nitra y Zimony, luego de que igual que los otros grupos causasen incalculables estragos y asesinatos. En el caso particular del sacerdote alemán Gottschalk, éste entró en suelo húngaro sin autorización del rey y estableció un campamento en las cercanias del asentamiento de Táplány, luego de masacrar a la población local, lo que generó la ira de Colomán, y causó la expulsión por medio de la fuerza de los soldados germánicos "invasores".

Luego de esto, los húngaros dentendrían las fuerzas del Conde Emiko (quien ya había asesinado en suelo alemán a cerca de 4000 judíos) cerca de la ciudad de Moson. Colomán de inmediato prohibió la estadia en Hungría de Emiko y se vio forzado entonces a enfrentar el asedio del conde germánico a la ciudad de Moson, donde se hallaba el rey húngaro. Las fuerzas de Colomán defendieron valientemente la ciudad y rompiendo el sitio lograron dispersar las fuerzas cruzadas del conde germánico.

Al poco tiempo, el rey húngaro forzó a Godofredo de Bouillón a firmar un tratado en la Abadía de Pannonhalma, donde los cruzados se comprometían a pasar por el territorio húngaro con un buen comportamiento. Tras esto, las fuerzas continuarían fuera de territorios húngaro escoltadas por los ejércitos de Colomán y continuarían hacia Constantinopla. A su llegada a Bizancio, el Basileus se apresuró a enviarlos al otro lado del Bósforo. Despreocupadamente se internaron en territorio turco, donde fueron aniquilados fácilmente.
[editar] La Cruzada de los Príncipes

Mucho más organizada fue la llamada Cruzada de los Príncipes (denominada habitualmente en la historiografía como la Primera Cruzada) cerca de agosto de 1096, formada por una serie de contingentes armados procedentes principalmente de Francia, Países Bajos y el reino normando de Sicilia. Estos grupos iban dirigidos por segundones de la nobleza, como Godofredo de Bouillón, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento.

Durante su estancia en Constantinopla, estos jefes juraron devolver al Imperio Bizantino aquellos territorios perdidos por éste frente a los turcos. Desde Bizancio se dirigieron hacia Siria atravesando el territorio selyúcida, donde consiguieron una serie de sorprendentes victorias. Ya en Siria, pusieron sitio a Antioquía, que conquistaron tras un asedio de siete meses. Sin embargo, no la devolvieron al Imperio Bizantino, sino que Bohemundo la retuvo para sí formando el Principado de Antioquía.

Desde Antioquía se dirigieron hacia Jerusalén, conquistando algunas plazas por el camino y sorteando otras. En junio de 1099 sitiaron la capital, que cayó en manos de los cruzados el 15 de julio de 1099. En la conquista, los cruzados realizaron una terrible matanza, que no respetó a judíos ni a musulmanes, mujeres o niños.

Con esta conquista finalizó la Primera Cruzada, y muchos cruzados retornaron a sus países de origen. El resto se quedó para consolidar los territorios recién conquistados. Junto al Reino de Jerusalén (dirigido inicialmente por Godofredo de Bouillón, que tomó el título de Defensor del Santo Sepulcro) y al principado de Antioquía, se crearon además los condados de Edesa (actual Urfa, en Turquía) y Trípoli (en el actual Líbano).

Tras estos éxitos iniciales se produjo una nueva oleada de cruzados, que formaron la llamada cruzada de 1101. Sin embargo, esta expedición, dividida en tres grupos, fue derrotada por los turcos mientras atravesaban Anatolia. Este percance apagó los espíritus cruzados durante algunos años.



SEGUNDA CRUZADA

Gracias a la división de los Estados musulmanes, los Estados latinos (o francos, como eran conocidos por los árabes), consiguieron establecerse y sobrevivir. Los dos primeros reyes de Jerusalén, Balduino I y Balduino II fueron gobernantes capaces que extendieron el reino a toda la tierra entre el Mediterráneo y el Jordán, e incluso más allá. Rápidamente se integraron en el cambiante sistema de alianzas locales y así pudieron verse enfrentamientos entre la alianza de un Estado cristiano con uno musulmán contra la alianza de otro Estado cristiano con otro Estado musulmán.

Sin embargo, a medida que el espíritu de cruzada iba decayendo entre los francos, cada vez más cómodos en su nuevo estilo de vida orientalizante, entre los musulmanes iba creciendo el espíritu de jihad o Guerra Santa, principalmente entre la población, movilizada por los predicadores contra sus impíos gobernantes, capaces de tolerar la presencia cristiana en Jerusalén e incluso de aliarse con sus reyes. Este sentimiento fue explotado por una serie de caudillos que consiguieron unificar los distintos Estados musulmanes y lanzarse a la conquista de los reinos cristianos.

El primero de estos fue Zengi, gobernador de Mosul y de Alepo, que en 1144 conquistó Edesa, liquidando el primero de los Estados francos. Como respuesta a esta conquista, que puso de manifiesto la debilidad de los Estados cruzados, el Papa Eugenio III, a través de Bernardo, abad de Claraval (famoso predicador, autor asimismo de la regla de los templarios) predicó en diciembre de 1145 la Segunda Cruzada.

A diferencia de la primera, en esta participaron reyes de la cristiandad, encabezados por Luis VII de Francia (acompañado de su esposa, Leonor de Aquitania) y por el emperador germánico Conrado III. Los desacuerdos entre franceses y alemanes, así como con los bizantinos, fueron constantes en toda la expedición. Cuando ambos reyes llegaron a Tierra Santa (por separado) decidieron que Edesa era un objetivo poco importante y marcharon hacia Jerusalén. Desde allí, para desesperación del rey Balduino III, en lugar de enfrentarse a Nur al-Din (hijo y sucesor de Zengi), eligieron atacar Damasco, estado independiente y aliado del rey de Jerusalén. La expedición fue un fracaso, ya que tras sólo una semana de asedio infructuoso, los ejércitos cruzados se retiraron y volvieron a sus patrias. Con este ataque inútil consiguieron que Damasco cayera en manos de Nur al-Din, que progresivamente iba cercando los Estados francos. Más tarde, el ataque por parte de Balduino II a Egipto iba a provocar la intervención de Nur al-Din en la frontera sur del reino de Jerusalén, preparando el camino para el fin del reino y la convocatoria de la Tercera Cruzada.




TERCERA CRUZADA

Las intromisiones del Reino de Jerusalén en el decadente califato fatimí de Egipto llevaron al sultán Nur al-Din a mandar a su lugarteniente Saladino a hacerse cargo de la situación. No hizo falta mucho tiempo para que Saladino se convirtiera en el amo de Egipto, aunque hasta la muerte de Nur al-Din en 1174 respetó la soberanía de éste. Pero tras su muerte, Saladino se proclamó sultán de Egipto (a pesar de que había un heredero al trono de Nur al-Din, su hijo de sólo 12 años y quien a la postre resultó envenenado) y de Siria, dando comienzo la dinastía ayyubí. Saladino era un hombre sabio y logró la absoluta unión de las facciones musulmanas, así como el control político y militar desde Egipto hasta Siria.

Como Nur al-Din, Saladino era un musulmán devoto y decidido a expulsar a los cruzados de Tierra Santa. El Reino de Jerusalén, regido por el Rey Leproso, Balduino IV de Jerusalén, y rodeado ya por un sólo Estado, se vio obligado a firmar frágiles treguas seguidas por escaramuzas, tratando de retrasar el inevitable final.

Tras la muerte del rey Balduino IV de Jerusalén, el Estado se dividió en distintas facciones, pacifistas o belicosas, y pasó a convertirse en rey, debido al enlace matrimonial que mantenía con la hermana del fallecido patriarca, el general en jefe del ejército unido de Jerusalén: Guy de Lusignan. El mismo apoyaba una política agresiva y de no negociación con los sarracenos y abogaba por su sometimiento y derrota en combate, cosa a la que sus detractores se oponían habida cuenta de la inferioridad numérica que los cristianos tenían ante las tropas de Saladino. La radicalidad religiosa y el apoyo al brazo más radical de la orden de los Templarios en sus ataques a diversas localidades y estructuras sarracenas desembocarían en un enfrentamiento final entre Guy de Lusignan y el propio Saladino. De hecho, se hace culpable a Guy de lusignan de la derrota y pérdida de Jerusalén por su obsesión en enfrentarse al ejército de Saladino y su falta de visión para la protección de la ciudad y de sus habitantes.
Krak de los Caballeros. Esta fortaleza, considerada inexpugnable, controlaba el paso del interior de Siria a la costa y estuvo bajo el mando de los Caballeros Hospitalarios hasta 1271, cuando perdidos los territorios cristianos, se les permitió la salida de sus caballeros a Chipre.

Reinaldo de Châtillon era un bandido con título de caballero que no se consideraba atado por las treguas firmadas. Saqueaba las caravanas e incluso armó expediciones de piratas para atacar a los barcos de peregrinos que iban a La Meca, ciudad muy importante para los musulmanes. El ataque definitivo fue contra una caravana en la que iba la hermana de Saladino, que juró matarlo con sus propias manos.

Declarada la guerra, el grueso del ejército cruzado, junto con los Templarios y los Hospitalarios, se enfrentó a las tropas de Saladino en los Cuernos de Hattin el 4 de julio de 1187. Los ejércitos cristianos fueron derrotados, dejando el reino indefenso y perdiendo uno de los fragmentos de la Vera Cruz. Saladino mató con sus propias manos a Reinaldo de Châtillon. Algunos de los caballeros Templarios y Hospitalarios capturados fueron también ejecutados. Saladino procedió a ocupar la mayor parte del reino, salvo las plazas costeras, abastecidas desde el mar, y en octubre del mismo año conquistó Jerusalén. Comparada con la toma de 1099, esta fue casi incruenta, aunque sus habitantes debieron pagar un considerable rescate y algunos fueron esclavizados. El reino de Jerusalén había desaparecido.

La toma de Jerusalén conmocionó a Europa y el papa Gregorio VIII convocó una nueva cruzada en 1189. En esta participaron reyes de los más importantes de la cristiandad: Ricardo Corazón de León (hijo de Enrique II y de Leonor de Aquitania), Felipe II Augusto de Francia y el emperador Federico I Barbarroja (sobrino de Conrado III). Éste último, al mando del grupo más poderoso, siguió la ruta terrestre, en la que sufrió algunas bajas. Cerca de Siria, sin embargo, el emperador murió ahogado mientras se bañaba en el río Salef (en la actual Turquía) y su ejército ya no continuó hacia Palestina. Barbaroja durante su estadía en el Reino de Hungría le había pedido al príncipe Géza, hermano del rey Béla III de Hungría que se uniése a las fuerzas cruzadas, así, un ejército de 2.000 soldados húngaros partió al lado de los germánicos. Si bien luego de los conflictos bélicos el rey húngaro habría llamado de regreso a sus fuerzas, su hermano menor, Géza, permaneció en Constantinopla y desposó a una noble bizantina, puesto que no tenía buenas relaciones con Béla III.

Los ejércitos inglés y francés llegaron por la ruta marítima. Su primer (y único) éxito fue la toma de Acre el 13 de julio de 1191, tras la cual Ricardo realizó una matanza de varios miles de prisioneros. Esta matanza militarmente le dio oxígeno para seguir hacia el sur a su meta final: Jerusalén, y además le valió el nombre por el que sería reconocido en la historia, Corazón de León.

Felipe II Augusto estaba preocupado por los problemas en su país y molesto por las rivalidades con Ricardo, por lo que regresó a Francia, dejando a Ricardo al mando de la cruzada. Este llegó hasta las proximidades de Jerusalén, pero en lugar de atacar prefirió firmar una tregua con Saladino, temiendo que su ejército diezmado de 12.000 hombres no fuera capaz de sostener el sitio de Jerusalén. Pensando en una próxima cruzada y en no arriesgar militarmente una derrota que no le daría a los cristianos la posibilidad del control posterior de la Ciudad Santa, pactaron con el mismo Saladino, quien también estaba cansado y diezmado, la tregua que permitía el libre acceso de los peregrinos desarmados a la Ciudad Santa.

Saladino falleció seis meses después. Ricardo murió en 1199 por una flecha a su regreso a Europa. De esta forma, se cerraba la Tercera Cruzada con un nuevo fracaso para los dos bandos, dejando sin esperanzas a los Estados francos. Era cuestión de tiempo para que desapareciera la estrecha franja litoral que controlaban. Sin embargo, resistieron aún un siglo más.



CUARTA CRUZADA

Tras la tregua firmada en la Tercera Cruzada y la muerte de Saladino en 1193, se sucedieron algunos años de relativa paz, en los que los Estados francos del litoral se convirtieron en poco más que colonias comerciales italianas. En 1199, el Papa Inocencio III decidió convocar una nueva cruzada para aliviar la situación de los Estados cruzados. Esta Cuarta Cruzada no debería incluir reyes e ir dirigida contra Egipto, considerado el punto más débil de los estados musulmanes.

Al no ser ya posible la ruta terrestre, los cruzados debían tomar la ruta marítima, por lo que se concentraron en Venecia. El dux Enrico Dandolo se coaligó con el jefe de la expedición Bonifacio de Montferrato y con un usurpador bizantino, Alejo IV Ángelo para cambiar el destino de la cruzada y dirigirla contra Constantinopla, al estar los tres interesados en la deposición del basileus del momento, Alejo III Ángelo.

Inicialmente, los cruzados fueron empleados para luchar contra los húngaros en Zara, por lo que fueron excomulgados por el Papa. Desde allí se dirigieron hacia Bizancio, donde consiguieron instalar a Alejo IV como basileus en 1203. Sin embargo, el nuevo basileus no pudo cumplir las promesas hechas a los cruzados, lo que originó toda clase de disturbios. Fue depuesto por los propios bizantinos, que coronaron a Alejo V Ducas. Esto provocó la intervención definitiva de los cruzados, que conquistaron la ciudad el 12 de abril de 1204. El saqueo de la ciudad fue terrible. Miles de cristianos (incluyendo mujeres y niños) fueron asesinados por los cruzados. Desvalijaron y destruyeron mansiones, palacios, iglesias y la propia basílica de Santa Sofía. Europa occidental recibió un aluvión de obras de arte y reliquias sin precedentes, producto de este saqueo.

Con ello llegaba a su fin el Imperio Bizantino, que se desmembró en una serie de Estados, algunos latinos y otros griegos. De éstos, el llamado Imperio de Nicea conseguiría restaurar una sombra del Imperio Bizantino en 1261.

Los cruzados establecieron el llamado Imperio Latino, organizado feudalmente y con una autoridad muy débil sobre la mayoría de los territorios que supuestamente controlaba (y nula sobre los Estados griegos de Nicea, Trebisonda y Epiro).

La Cuarta Cruzada asestó un doble golpe a los Estados francos de Palestina. Por un lado, les privó de refuerzos militares. Por otro, al crear un polo de atracción en Constantinopla para los caballeros latinos, produjo la emigración de muchos que estaban en Tierra Santa hacia el Imperio Latino, abandonando los Estados francos.



QUINTA CRUZADA

La V Cruzada fue proclamada por Inocencio III en 1213 y partió en 1218 bajo los auspicios de Honorio III, uniendóse al rey cruzado Andrés II de Hungría, quien llevó hacia oriente el ejército más grande en toda la Historia de las Cruzadas. Como la IV Cruzada, tenía como objetivo conquistar Egipto. Tras el éxito inicial de la conquista de Damieta en la desembocadura del Nilo, que aseguraba la supervivencia de los Estados francos, a los cruzados les pudo la ambición e intentaron atacar El Cairo, fracasando y debiendo abandonar incluso lo que habían conquistado, en 1221.

SEXTA CRUZADA

La organización de la VI Cruzada fue un tanto rocambolesca. El papa había ordenado al emperador Federico II Hohenstaufen que fuera a las cruzadas como penitencia. El emperador había asentido, pero había ido demorando la partida, lo que le valió la excomunión. Finalmente, Federico II (que tenía pretensiones propias sobre el trono de Jerusalén) partió en 1228 sin el permiso papal. Sorprendentemente, el emperador consiguió recuperar Jerusalén mediante un acuerdo diplomático. Se autoproclamó rey de Jerusalén en 1229 y también obtuvo Belén y Nazaret.

SÉPTIMA CRUZADA

En 1244 volvió a caer Jerusalén (esta vez de forma definitiva), lo que movió al devoto rey Luis IX de Francia (San Luis) a organizar una nueva cruzada, la Séptima. Como en la V, se dirigió contra Damieta, pero fue derrotado y hecho prisionero en Mansura (Egipto) con todo su ejército.

OCTAVA CRUZADA

Vuelto a Francia, el mismo rey emprendió la llamada VIII Cruzada (1269) contra Túnez, aunque en realidad era un peón en los intereses de su hermano Carlos de Anjou rey de Nápoles, que quería evitar la competencia de los mercaderes tunecinos. La peste acabó con el rey Luis y gran parte de su ejército en Túnez (1270).

Aunque algunos papas intentaron predicar nuevas cruzadas, ya no se organizaron más y, en 1291, los cruzados evacuaron sus últimas posesiones en Tiro, Sidón y Beirut tras la caída de San Juan de Acre. A fin de cuentas, el único triunfo relevante de la Cristiandad durante los dos siglos de más de ocho cruzadas fue la toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon en la primera cruzada en el año 1099, la cual, a pesar de las innumerables matanzas de sarracenos, judíos (hombres, mujeres y niños), logró sostener la Ciudad Santa por muchos años, y encontró los objetivos marcados inicialmente por los defensores de la idea de reconquistar la tierra llamada santa para los cristianos de Europa.

Historia de piratas nacidos en Canarias.


EL CORSARIO AMARO PARGO


Este singular personaje nació el 3 de mayo de 1678 en La Laguna (Santa Cruz de Tenerife) y se mantuvo soltero hasta el día de su muerte, el 4 de octubre de 1747, a la edad de 69 años.

Tuvo un hijo con la cubana Josefa Mª del Valdespino, hijo natural llamado Manuel de la Trinidad Amaro.

El primer viaje documentado que realizo, lo hizo año 1701, cundo tenia 23 años a bordo del navío "Ave Maria", alias "La Chata".En aquel entonces nuestro personaje era alférez. En el primer navío que se embarcó, fue abordado y aconsejo al capitán que simulara una rendición para sorprender luego al enemigo y lograr el triunfo, arrebatándole el botín. Los capitanes de los dos barcos comenzaron a pelearse, aprovechando la confusión salta Amaro al barco para tapar los agujeros de los cañones enemigos y al hacer fuego resultara inútil, mientras da aviso a su barco que disparen, pues conocen la estratagema. Llevándose todo lo que habían robado. En señal de agradecimiento el capitán regaló a Amaro Pargo su primer barco, con el que se independizó y dió sus primeros pasos en el mundo corsario y comercial.

El mozo salvó un día de los piratas la galera del rey que hacía la ruta entre el Caribe y Cádiz. Tras resistir durante un par de horas el ataque de un barco inglés, finalmente fue abordado y tomado por Amaro Pargo. Los pocos supervivientes fueron ahorcados. La mayoría eran bandoleros de mar de procedencia inglesa, holandesa, etc. Todos enemigos de la católica majestad hispánica. Por eso el rey lo nombró "señor de soga y cuchillo" una institución medieval.

En alta mar, según la tradición, logró grandes fortunas que ocultó en Punta del Hidalgo. Lo que sí está demostrado es que su gran riqueza la consiguió del comercio con Europa y América, exportando productos como el aguardiente que obtuvo de sus destilerías de La Laguna o Tegueste y cargas de tabaco.

Fue dueño de varios barcos, entre los que hay que destacar el navío denominado "La Santísima Trinidad, Nuestra Señora de El Rosario, San José, San Ignacio y San Marcos", de apodo "El Clavel". Fue fabricado en la caleta de Icod, siendo uno de sus capitanes el hermano del corsario, José Rodríguez Felipe. El barco estaba preparado para la defensa y ataque con 24 piezas de artillería.

Amaro Pargo fue un gran devoto de la monja incorrupta Sor María de Jesús, a quien le costeó el sarcófago en que reposa su cuerpo, y tuvo tres hermanas monjas que profesaron junto con la citada religiosa. Vivió en una casa señorial de la calle San Agustín y sintió gran predilección por una hacienda que tuvo en Tegueste. Sus propiedades constituyeron una fortuna increíble, formada por más de 900 fanegas de tierra, 60 casas, 15 heredades de viñas y tributos monetarios y de trigo, todo ello junto a elevadas cantidades de dinero y las joyas de su tesoro. Fue declarado Caballero Hijodalgo y obtuvo real certificación de Nobleza y Armas dada en Madrid, cataloga su tesoro y da noticia de sus acciones en favor de los necesitados.

Murió el 14 de octubre de 1747. (La Laguna-Tenerife)



Durante el traslado del entierro, se hicieron ocho pausas en la calle. El sepelio fue por la mañana y en los documentos se hace constar que fue muy solemne.

El capitán Amaro Rodríguez Felipe fue enterrado en el sepulcro de sus padres, al lado derecho al entrar el templo Santo Domingo , bajo el coro. La losa de mármol tiene grabado el escudo de armas de la familia Rodríguez Felipe, en el que no faltan símbolos de fuerza como el guerrero saliente con armadura, los puñales y los cañones. Y para reforzar el espíritu corsario, al pie del sepulcro aparece una calavera guiñando el ojo derecho y el izquierdo abierto, sin faltar las dos tibias cruzadas.

Su esclavo moriría unos meses después el 17 de enero de 1748 enterrado en un convento anexo donde fue enterrado Amaro Pargo. El documento añade que era libre y de unos 80 años de edad. El entierro paro cuatro veces en su recorrido por la ciudad y acompañado de cuatro capellanes. Mucho mas importante es aun lo que dijo de este esclavo Amaro Pargo en su testamento, dando a conocer su apellido Linche y disponiendo que, por parte de sus herederos, nunca le faltara comida, vestimenta ni atención cuando estuviera enfermo, así como que fuera enterrado en su sepultura, es decir, en la de la familia Rodríguez Felipe.

Sus herederos estaban obligados por testamento-anualmente antes del 10 de noviembre-a ofrendar en el sepulcro del corsario 1 fanega de trigo y un barril de vino, debiendo cantar los religiosos el oficio de vigía, misa y responso que se acostumbraba.Mil treinta y cuatro misas regladas por su alma donde durante la función debería estar encendidas cuatro hachas en un hachero sobre su sepulcro.

EL PIRATA CABEZA DE PERRO



Angel García nació en Igueste de San Andrés (Santa Cruz de Tenerife)en 1800, en una casita blanca próxima al mar, en la que solía recalar con su velero para aprovisionarse del manantial existente en la cueva del agua.

Apodado "Cabeza de Perro" presentaba los siguientes rasgos físicos: grueso y rechoncho, de nariz chata, ojos pequeños y hundidos, boca larga con separados dientes, cabello trigueño y cabeza muy abultada -a la vez que deforme- con enormes protuberancias, razón por la cual usaba ceñidor y capucha de color negro al objeto de cubrírsela.

En el barrio de San Lázaro, en La Habana, poseía un verdadero palacio cuyo aspecto exterior era el de una dulcería; por dentro, estaba repleto de espejos y lámparas con incrustaciones de oro; las habitaciones se comunicaban con puertas secretas que daban a los sótanos de la muerte donde su fiel servidor, Plácido el Mulato, esperaba a sus víctimas; los cuartos estaban llenos de arcas con los frutos de las rapiñas (dinero, alhajas, relojes, etc...). Desde una vivienda situada frente a la pastelería, su hijo Luis García, controlaba la entrada y salida de las personalidades (clientes) con as que su padre se relacionaba en cuestiones de pillaje y negocios ocultos.

En sus desplazamientos hasta las costas africanas en busca de esclavos negros y naves cargadas de marfil y maderas nobles, nunca atacó a las embarcaciones que navegaban por aguas canarias, por el contrario, en el Caribe constituyó su centro de operaciones.

El episodio más conocido del pirata fue el asalto que, desde su barco insignia El Invencible, efectuó al bergantín El Audaz en su recorrido desde La Habana a Nueva York. En la refriega acuchilló a los tripulantes y pasajeros, excepto a una mujer y a su hijo, quienes se habían escondido; no obstante, cuando ambos fueron descubiertos los arrojó al mar, al tiempo que hundía el barco y emprendía la retirada.

Afortunadamente, el velero italiano Centauro los recogió y al relatar la odisea al capitán, éste le mostró el retrato de Cabeza de Perro, reconociéndolo la señora como el autor de aquella matanza. Según algunos autores, desde ese momento el pirata cambió de actitud, ya que aquel llanto infantil le quedó grabado en su mente, de tal manera, que el remordimiento no le permitía conciliar el sueño. Además, como notaba que envejecía rápidamente, expresó a sus socios, personas de elevado rango social, su deseo de abandonar la piratería e incluso entregarse a la justicia, pero su hijo le disuadió, porque ello induciría a descubrirlos a todos. Comenzó entonces a frecuentar la Iglesia y entabló amistad con un clérigo, también oriundo de Tenerife, quien lo convenció para que regresara a su Isla natal, tomando el pirata la decisión de volver de nuevo a su antigua casa en donde dedicaría su tiempo a labrar la tierra y por las tardes se sentaría a observar los barcos surcando la mar.

Fue así como ataviado de indiano -traje blanco, sombrero, anteojos de hombre respetable y acompañado por una cotorra- embarcó en El Tritón. Durante la travesía no salió del camarote y solo al oír el grito de tierra fue cuando subió a la cubierta para contemplar el Teide y su casita de Igueste. Al llegar al puerto de Santa Cruz de Tenerife desembarcó totalmente transformado, ya que llevaba pantalones anchos por encima de los tobillos, una chupa de grandes faldones, sombrero de guano de ala ancha, un paraguas y una jaula con la cotorra; su feo aspecto fue motivo de comentarios jocosos, a la vez que de burla por una multitud de chiquillos -situación que el pirata rechazaba con el paraguas- lo que originó que aquellos palanquines le tiraran piedras hasta dejarlo herido en el suelo. Cuando llegaron los guardias para protegerlo, lo encontraron intentando defenderse con un cuchillo, cuyo mango en forma de cabeza de perro, lo delató y fue encarcelado. A partir de este episodio, pasó largo tiempo en el Castillo de Paso Alto a la espera de la resolución de su condena.

Entre tanto, se distraía fumando y construyendo maquetas de barcos, sin hablar ni siquiera con sus guardianes. Al conocerse la sentencia de su muerte nadie quiso perderse el espectáculo de su traslado -a pie entre bayonetas- desde aquella fortaleza al barrio del Cabo. En los instantes previos a la ejecución pidió un habano, donó la maqueta de un bergantín a la Virgen del Carmen y para demostrar su personalidad arrogante hasta el final, se atavió un pañuelo rojo en la cabeza y lanzó una mirada y una sonrisa irónica mientras recibía los disparos que acabaron con su vida. Fue ejecutado en el Castillo Negro de Santa Cruz de Tenerife.

















Piratas y Corsarios que actuaron en Canarias

* Franceses:
o Jean Fleury (también conocido como Juan Florín) en 1522.
o Francois Le Clerc o Pie de palo. Saqueó e incendió Santa Cruz de la Palma en 1553.
o Durand de Villegaingnong. También atacó Santa Cruz de la Palma en 1554, pero esta vez fue rechazado el ataque.
o Jean Capdeville. Arrasó San Sebastián de la Gomera en 1571.
o Jacques de Sores. Atacó La Palma en 1570.

* Ingleses:
o John Poole.
o Francis Drake. Fracasado ataque en 1585 a Santa Cruz de la Palma. También fracasó en el ataque a Las Palmas de Gran Canaria y quiso resarcirse atacando un poco más al sur de la isla, en Arguineguín, pero también fue sorprendido y tuvo que huir con numerosas bajas.
o William Harper. En 1593 ataca Lanzarote y Fuerteventura.
o Walter Raleigh. Ataques sobre Tenerife y Fuerteventura en 1595.Ataque a Arrecife en 1616.
o John Jennings. Santa Cruz de Tenerife sufre un ataque en 1706 que es repelido.
o Woodes Rogers. Fracasado ataque a Santa Cruz de Tenerife en 1708.
o Charles Windon. En 1744 ataca San Sebastián de la Gomera y La Palma.
o George de Cumberland y Berkley desembarca en Puerto de Naos (El Hierro) en 1762.
o John Hawkins (conocido en Canarias como Aquines, por castellanización de su apellido). Mantuvo relaciones mercantiles con algunos propietarios de las islas a pesar que también atacaba poblaciones junto a Francis Drake.
o Robert Blake. Atacó Santa Cruz de Tenerife en 1656.

* Holandeses:
o Pieter van der Does. Fracasó en el intento de invasión e incendio de San Sebastián de la Gomera, pero tuvo éxito en el saqueo e incendio de Las Palmas de Gran Canaria en 1599.

* Otros (Argelinos, Tunecinos, Turcos...):
o Dogalí apodado el Turquillo. En 1571 ocupa Arrecife (Lanzarote), saqueando, incendiando y capturando un gran número de isleños.
o Tabac Arráez y Solimán saquean Teguise (Lanzarote) y también atacan San Sebastián de la Gomera en 1618.
o Morato Arráez. en 1586 ataca Lanzarote, llegá hasta Teguise saqueándola y llevándose muchos cultivos.

jueves, 15 de julio de 2010

Piqué escupe en el cogote a Pedro Cortés

El alcohol lo sacó de sus casillas. Gerard Piqué se pasó de copas durante la celebración de España. Justo cuando se encontraba en el mira bus que recorría las calles madrileñas, el futbolista decidió festejar a su manera. Fue en ese preciso momento que afinó puntería y escupió en el cogote a Pedro Cortés. El ex presidente del Valencia durante el 1997 y 2001 no lo vio en ese momento


Jimmy Jump lo intenta en la final del Mundial de África 2010

Este tipo es un payaso catalán conocido como Jimmy Jump que suele hacer este tipo de apariciones en estadios de fútbol y eventos importantes, apareció corriendo por el medio del engramado justo antes de la entrada de los equipos para la final Holanda-España del Mundial 2010. Su intención aparente, colocarle un gorro catalán (barretina) al trofeo. La seguridad lo agarró justo a tiempo y tan solo estuvo a centímetros de lograr su cometido. Le hicieron un placaje directo al cuello y lo sacaron del terreno en cuestión de segundos. El tipo no llegó ni a rozar la Copa del Mundo.
Extrañamente, en casi ninguna parte del mundo pudieron verse las imágenes en directo pues la FIFA exige ocultar este tipo de incidentes lo más que se pueda.

PD: HE PUESTO VARIOS VÍDEOS DEL MISMO HECHO PORQUE LA FIFA LOS ESTÁ MANDANDO ELIMINAR





lunes, 12 de julio de 2010

CAMPEONES DEL MUNDO. El beso de Casillas y Carbonero

Somos Campeones del Mundo y a Iker Casillas no se le ocurrió mejor manera de celebrarlo que darle un beso en la boca y un achuchón a su novia, la periodista de Telecinco, Sara Carbonero. ¡¡Qué bonito!!


martes, 29 de junio de 2010

Homenaje a Francisco Pizarro, conquistador español.




Si había una civilización admirada y temida en América del Sur, antes de la llegada de los españoles, esa era la civilización Inca. Dominaban desde lo que hoy es Ecuador hasta Argentina. Sus guerreros eran despiadados y habían aterrorizado a todas las tribus del sur.


Algo de esto había oído Francisco Pizarro cuando llegó con su expedición en enero de 1531. Hacía ya cinco años que aquellos trece de la fama (que en realidad fueron catorce, con Bartolomé Ruiz) cruzaron la línea que el Trujillano dibujó con su espada en la arena diciendo:

"Por este lado se va a Panamá, a ser pobres; por este otro al Perú, a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere".

Y después de cinco años viajando, preparando la expedición y solicitando a Carlos V (en realidad a su mujer Isabel, porque el Emperador andaba por Italia en ese momento) los títulos pertinentes, en caso de consumar la conquista, allí estaba él. Él y apenas 180 hombres más, alcanzando las murallas de Cajamarca aquel 16 de noviembre de 1532.

Pizarro había aceptado la sibilina invitación de Atahualpa, el Gran Inca, adorado por sus súbditos como si de un dios se tratase. El pobre Atahualpa no sabía que aquella trampa se volvería contra él. Había infravalorado a los conquistadores.

Así que don Francisco dio orden de esperar a la Comitiva Real dentro de los edificios que rodeaban la plaza central de Cajamarca. Las fuerzas españolas contaban con 63 jinetes, 93 infantes y ballesteros, 4 artilleros, 2 arcabuceros y 2 trompetas. Sin contar al fraile, los intérpretes y los pocos esclavos que les acompañaban.

El campamento inca establecido en el exterior de la ciudad contaba con 40.000 efectivos. La escolta que accedió al interior de la muralla ascendía a más de 5000 guerreros. La guardia pretoriana de Atahualpa. Delante de la litera de oro que portaba al Gran Inca, un séquito de 1000 personas alfombraba con pétalos de flores el suelo por el que estaba a punto de pasar su líder.

Cuando Atahualpa llegó al centro de la plaza, pensó que los barbudos habían huido. Hasta que vio acercarse a un hombre blanco que llevaba una cruz en una mano y un libro en la otra, al que acompañaba un indio.
Una vez el fraile alcanzó la litera real, el indio que le acompañaba sirvió de traductor en una surrealista conversación acerca de la identidad del verdadero Rey de Reyes.

Obviamente Atahualpa mantenía que ese era uno de sus títulos y, claro, esto a los españoles les sentó fatal. Porque en esa época soltar ocurrencias como esa estaba muy mal visto. Y no contento con eso, le pidió la Biblia al fraile, porque no había entendido bien eso de que la Biblia dice que la fe en Jesús es la fe verdadera, fundamentalmente porque los incas desconocían la escritura. Así que cogió la Biblia y se la acercó a los oídos, y la agitó, y como el libro sagrado no le decía nada, pues lo tiró al suelo.

¡Para qué queremos más!

Pizarro dio la orden de atacar y al grito de "¡Santiago!" cargaron los 180 españolitos.

Cuando estalló la primera explosión, los indios pensaron que acababan de llevarse el mayor susto de su vida... hasta que cargaron contra ellos los 63 jinetes. Eso sí que los dejó espantados. Habían oído hablar de las bestias que llevaban los barbudos, y algunos no tenían muy claro si jinete y caballo eran dos seres independientes o se trataba de alguna mutación diabólica. Así que echaron todos a correr despavoridos.

Los españoles atacaron con tal ferocidad que, en apenas unos minutos, las pilas de cadáveres formaban barricadas en las entradas de la ciudad. Los incas que aguardaban en el exterior para atacar a los barbudos, se estremecieron al ver cómo la muralla temblaba por la intensidad del combate que libraban en Cajamarca; y contemplaron horrorizados la desolación que había dejado la furia española: en la ciudad sólo quedaba miedo y muerte.

En esto, Pizarro ya había alcanzado la litera de Atahualpa, que se había quedado estupefacto con la reacción de aquellos gigantones... ¡sólo por tirar un libro al suelo!

Y para evitar que el Gran Inca muriera a manos de su infantería, gritó:

"¡Nadie hiera al indio so pena de la vida!"

Pero Alonso de Mesa estaba cegado por la ira y cuando reparó en las palabras que acababa de pronunciar su Gobernador, ya había descargado una cuchillada hacia la cabeza de Atahualpa, a quien habían despojado de su corona. De no ser por la rapidez de reflejos de Francisco Pizarro, que protegió con su antebrazo al Gran Inca, ese hubiera sido el final de Atahualpa.

De manera que, paradójicamente, el único herido en las filas españolas había sido el mismísimo Pizarro, y por proteger a su enemigo.

sábado, 5 de junio de 2010

Eurovisión. Sabotaje al representante de España

No se habla de otra cosa en toda Europa, el sabotaje a la actuación del representante español (Daniel Diges) en el festival de Eurovisión. A mitad de canción se cuela en el escenario un independentista catalán conocido como Jimmy Jump, que hace algunos saltitos y alguna que otra gilipollez antes de ser expulsado por los miembros de seguridad del recinto. Este personaje es conocido ya por haberse colado en otros grandes eventos deportivos. Al final la gracia de colarse en el escenario le ha supuesto 1880 euros de multa y un día de calabozo.


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